Además de su establecimiento en El Palo, cuenta con una fábrica en Rincón de la Victoria desde la que surte a restaurantes y hoteles
Francisco Enamorado trabajaba como albañil, pero siempre fue «buen negociante». En cuanto se mudó con la familia a Nuevo San Andrés vio la oportunidad en un local frente al colegio Guadaljaire. Dicho y hecho: allí montó una papelería. La bautizó como Santa Gema. «Mi tía decía que le daría suerte si le ponía ese nombre», recuerda su hija Juana. Y así fue. Porque no se quedó ahí.

